Pocas veces un naturalista podrá vivir una emoción más intensa que ésta. En marzo de 2005, el naturalista riojano Juan Carlos Ceña recorría las márgenes del río Aragón, en Navarra, cerca de la confluencia con el Ebro a su paso por La Rioja, concretamente en los municipios de Milagro (Navarra) y Alfaro (La Rioja). De pronto detectó algo imposible: troncos aserrados cortados en punta, afilados como un lápiz. Aquello solo podía haberlo hecho un castor. Pero el castor no existía en España. En 2005 ni siquiera se recordaba que este increíble animal hubiera existido en la Península ibérica. Nadie se acordaba de él.

Más tarde Juan Carlos Ceña y otros compañeros hallaron “tala de árboles, restos de forraje, pisadas, madrigueras, toboganes, excrementos y marcas de castoreum la secreción olorosa con la que marcan su territorio los castores”, según escribieron en el estudio que publicaron Juan Carlos Ceña, Josu Alfaro, Alfonso Ceña, Uxue Itoiz, Gabriel Berasategui e Itsaso Bidegain en la revista Galemis de la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (Secem).

Habían descubierto una especie hueva para la fauna ibérica. Rápido investigaron y descubrieron que el castor europeo Castor fiber había ocupado los ríos del norte de la Península Ibérica en épocas prehistórica e histórica, como lo prueba el hallazgo de sus restos en yacimientos arqueológicos de época celtibérica (Hierro II), romana y altomedieval hasta, al menos, el siglo VI, como estudió entre otros autores la paleontóloga de la Universidad de Zaragoza Gloria Cuenca Bescós. El castor es frecuente en emplazamientos arqueológicos situados en la proximidad de los grandes ríos de las cuencas del Duero y Ebro donde, posiblemente, pudieron pervivir poblaciones relictas hasta época moderna.

“Su declive se atribuye a la sobrecaza, si bien, las características de este proceso y su dinámica, hasta la extinción, son muy poco conocidos”, comentaban Ceña et all. en su sorprendente ubicación de 2005.

Luego se supo que la reintroducción fue realizada en la primavera de 2003, a partir de 18 ejemplares de castor europeo procedentes de Baviera (Alemania). Los promotores podrían ser alguna de las asociaciones conservacionistas que tienen entre sus objetivos el retorno del castor a su antigua área de distribución -en la que se incluye nuestro país- y que han venido realizado actuaciones simi- lares en otros países europeos.

Ver: http://www.secem.es/wp-content/uploads/2013/03/Galemys-16-2-3-1-Ceña-91-98.pdf

EL CASTOR
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